ALFREDO GARCÍA

By Guillermo Monsanto.

The work of this painter stands out in the visual arts of western Guatemala and his painting is one that best represents the evolution of the national landscape. Without a strong influence from academic expressions, Alfredo García has found an inexhaustible reference in the communities surrounding the city of Quetzaltenango and other towns in the area.


Among the values highlighted in Garcías production is his capacity to create a synthesis of what is reflected in the rural settlements and cities that attract his curiosity. In his interpretation of old architecture, he exercises the absolute control of the creator to give them new readings and a particular mystery. He is not a copier who transcribes. He is a maker who, while giving importance to certain elements of reality, expresses them in a way which justifies their presence and existence in space

The mountains, topographical signs defining the geography of the country and the regions that capture his attention, become sinuous scenarios, seemingly endless. In them there is no living being, animal or plant. A layer is superimposed on another and so, the dimensions are lost in a quiet and pleasant infinity. Serenity, order, composition ... an ideal world that looks deserted and uninhabited, but longed for in its organised peace. His universe, rather than looking withered, regenerates itself through the offered equilibrium. Work which seems to be a timeless witness a civilization that once was (or, perhaps soon will be).

When its not a landscape with urban elements, it is Lake Atitlan and human tools that intervene in the semblance of the environment. Barges, docks and ropes are lost, cast away in crystal clear water that belongs to another world in a galaxy not so polluted by man's progress. His imagery uses pots, windows, stairs and handmade furniture resized as precious, priceless and superimposed objects on the original composition without regard to their actual sizes. In this way he offers paintings inside other paintings, playing with the spatial perception of the observer. Here he changes the rules and creates new laws that works with his creation.

In his paintings there are impossible metaphors, for example, hear the silence. Creating a feeling that is constantly renewed with the vitality of a characteristic work of García: his polished and subtle palette. Unlike his generation and the well-established art school from Quetzaltenango, Alfredo García turned his attention to the subtle application of pigment. He has not forgotten colour, nevertheless, the range in this region is overwhelming. What happens is that his understanding of the technique materializes as an undisputed connoisseur of art. These paintings, through the perspective of the author, become poetry.


El trabajo de este autor sobresale en las artes visuales realizadas en occidente y su pintura, es una de las que mejor representa la evolución del paisajismo nacional. Lejos desde hace mucho de las expresiones académicas, Alfredo García ha sabido encontrar en las comunidades que rodean a la ciudad de Quetzaltenango y de otras localidades del área, un referente inagotable.  

De entre los valores que destacan en la producción de García, sobresale la capacidad de síntesis con la que refleja los asentamientos rural/urbanos que atraen su curiosidad. En la interpretación de añejas arquitecturas ejerce el control absoluto del creador para otorgarles nuevas lecturas y un misterio particular. No es un registrador que transcribe. Es un artífice que, si bien confiere importancia a ciertos elementos de la realidad, los reviste de una nueva categoría que justifica su presencia y existencia en el espacio.

Las montañas, señas topográficas definitorias de la geografía del país y de los departamentos en que focaliza su atención, se transforman en escenarios sinuosos que parecieran no tener fin. En ellos no hay ningún ser viviente, ni animal o vegetal. Un plano se sobrepone a otro y así, las dimensiones se pierden hacia un infinito agradablemente silencioso y grato. Serenidad, orden, composición un mundo ideal que luce desierto e inhabitado, pero anhelable en toda su paz organizativa. Su universo, entonces, en lugar de lucir marchito se regenera a partir de la homeostasis oferente. Trabajo que pareciera testigo imperecedero de alguna civilización que lo habitó (o que, quizás pronto lo hará).  

Cuando no son paisajes con elementos urbanos, es el lago de Atitlán y junto a algunas herramientas humanas que intervienen la semblanza del entorno. Barcazas, muelles y lazos se pierden fundidos en un agua cristalina perteneciente a otro mundo de de una galaxia no tan contaminada por el progreso del hombre. Su iconografía la complementan cacharros, ventanas, escaleras y mueblería popular redimensionados como objetos preciosos, de incalculable valor, superpuestos en la composición original sin respeto a sus tamaños reales. De esta manera propone pinturas, dentro de otras pinturas y de paso, juega con la percepción espacial del observador. Acá corrompe las reglas y promulga nuevas leyes que, en su creación, funcionan.  

En sus cuadros son factibles metáforas imposibles como, por ejemplo, escuchar el silencio.  Sensación que, en todos los casos, se alimenta con siempre renovada vitalidad de un valor característico de García: su depurada y sutilísima paleta. A diferencia de sus compañeros de generación y la expresión de la bien establecida escuela quezalteca, Alfredo García dirigió su atención hacia lo sutil en la aplicación del pigmento. No es que se haya olvidado del color, al contrario, en aquella región la gama es avasallante. Lo que pasa es en que su entendimiento del oficio, lo materializa como conocedor indiscutible de la técnica.  Son óleos que, matizados desde la perspectiva del autor, se convierten en poesía

Por Guillermo Monsanto

 

© 2015

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